Publicado: 13 de Noviembre de 2017

‘No se pueden abrir las ventanas’, ‘son feas’, ‘vas a vivir entre cuatro paredes sin casi ventanas’, ‘pasarás frío’, ‘el aire no es saludable’, ‘son mucho más caras que una casa normal’… los mitos y recelos sobre las viviendas pasivas son muchos, pero basta con poner un pie dentro de estos hogares de consumo casi nulo para darnos cuenta de que la gran mayoría son prejuicios infundados motivados por el desconocimiento de este modelo constructivo originado en Alemania a finales de los años 80.

Para comprobar cómo es la vida en una de estas edificaciones sostenibles acompañamos a Andrés y su familia en su recién estrenada casa pasiva de Madrid, la primera de este tipo en el área metropolitana de la capital. Lo primero que nos sorprendió es encontrarnos con la puerta abierta. “Nos estamos instalando todavía y está abierta mucho tiempo pero no hay problema, con el recuperador la casa vuelve a su temperatura en menos de media hora”, nos explica Andrés con naturalidad.

Ese es el primer gran mito falso de las ‘passivhaus’: es una caja de zapatos en la que no se pueden abrir ni las ventanas. “No vamos a volvernos locos ahora”, asegura Andrés con cierta ironía, mientras explica que “si cocinas algo que huela mucho, como pescado, pues abres la ventana de la cocina, cierras la puerta y listo”.

Es más, para los que tienen mascotas como Andrés, no supone un problema abrir la puerta para permitir que el gato salga al jardín. Eso sí, para los más puristas empiezan a aparecer productos como gateras con el sello de aprobación del Passivhaus Institut de Alemania.